CAPÍTULO I
-!Danny, es tarde, son horas de volver a casa¡¡¡¡
Era la frase de todas las noches, ya apenas se oían ruidos de coches y el balón hacía temblar la vieja puerta de madera de una antigua fábrica ,que Danny utilizaba como portería, soñando que algún día sería el capitán de la selección nacional.
Los domingos escuchaba la radio, y repetía uno a uno los goles que allí se cantaban ,bicicleta de el gran Edgar que da un pase en profundidad a la banda, para que Marcos centre y con un remate certero de volea,
. Era su
sueño y estaba seguro que lo iba a hacer realidad, algún día sería futbolista
profesional.
En un taller de las afueras su padre se afanaba en reparar el vehículo de uno de los ojeadores que el Rapid tenía por todo el país, sin saberlo, al día siguiente su hijo tendría la oportunidad de comenzar a forjar una leyenda, la leyenda de un grande, comenzaría a cumplir su sueño.
Como todos los sábados Danny se levantaba pronto, un pequeño desayuno , cogía el balón y bajaba a la calle, allí esperaba que alguno de los chicos del barrio apareciese para dar unos toques al balón, en caso contrario siempre tenía su querida puerta, aquella que le devolvía siempre el balón al pié. Llegado el mediodía se dirigía al taller de su padre, siempre el balón pegado al pié, bicicleta, golpeo contra cualquier muro para volver a hacerse con el balón y seguir soñando con que el estadio Olímpico se rendía a cada una de sus gambetas, imaginando que cada una de las personas que se cruzaban en su camino eran los rivales que iba dejando sentados hasta llegar delante del portero. Así, inmerso en el partido de sus sueños recorría rapidamente las cuatro manzanas que le separaban del taller de su padre, que acababa su jornada y le recibía siempre con dos sobres nuevos de los cromos de los ídolos de su hijo, que compraba todos los sábados por la mañana en el kiosko de al lado de su taller.
Ese sábado, estaba esperando que su cliente llegase a recoger el coche a la una y media como le había indicado, cuando vió doblar la esquina a su hijo, que venía como no,con su vieja pelota.
-!Buenos días , Danny¡, ¿como ha ido la mañana?
-Buenos días Papá, como siempre, ya sabes, dándole al balón, he estado jugando con unos chicos, pero uno de ellos se ha acabado enfadando porque no era capaz de quitarme la pelota.
Su padre sonrió, consciente de que su hijo tenía una habilidad superior a la de niños bastante mayores que él, sólo tenía siete años pero los niños de diez de su barrio, se peleaban por tenerlo en su equipo.
En ese momento apareció Philiph, preguntó si su coche estaba listo y a la respuesta afirmativa de Daniel, le pidió que le preparase su factura. Mientras esperaba para recoger su coche , reparó en aquel niño que tenía el balón pisado con su pierna derecha y le dijo:
-¿Te gusta el fútbol, chico?
-Él respondió con una sonrisa, y levantó el balón en uno de sus trucos favoritos, la toco con la rodilla y se la pasó con el hombro, Philiph no salía de su asombro, conocía jugadores de primera que no eran capaces de hacer un gesto técnico de tanta dificultad como acababa de hacer aquel chico en sus narices.
-¿Juegas al fútbol en algún equipo federado?
-El equipo que había en mi barrio desapareció hace tres años, nunca he tenido ficha , y mi padre no me puede llevar a ningún equipo porque siempre tiene que trabajar, dijo cabizbajo.
-¿Te gustaría hacerlo?
En un taller de las afueras su padre se afanaba en reparar el vehículo de uno de los ojeadores que el Rapid tenía por todo el país, sin saberlo, al día siguiente su hijo tendría la oportunidad de comenzar a forjar una leyenda, la leyenda de un grande, comenzaría a cumplir su sueño.
Como todos los sábados Danny se levantaba pronto, un pequeño desayuno , cogía el balón y bajaba a la calle, allí esperaba que alguno de los chicos del barrio apareciese para dar unos toques al balón, en caso contrario siempre tenía su querida puerta, aquella que le devolvía siempre el balón al pié. Llegado el mediodía se dirigía al taller de su padre, siempre el balón pegado al pié, bicicleta, golpeo contra cualquier muro para volver a hacerse con el balón y seguir soñando con que el estadio Olímpico se rendía a cada una de sus gambetas, imaginando que cada una de las personas que se cruzaban en su camino eran los rivales que iba dejando sentados hasta llegar delante del portero. Así, inmerso en el partido de sus sueños recorría rapidamente las cuatro manzanas que le separaban del taller de su padre, que acababa su jornada y le recibía siempre con dos sobres nuevos de los cromos de los ídolos de su hijo, que compraba todos los sábados por la mañana en el kiosko de al lado de su taller.
Ese sábado, estaba esperando que su cliente llegase a recoger el coche a la una y media como le había indicado, cuando vió doblar la esquina a su hijo, que venía como no,con su vieja pelota.
-!Buenos días , Danny¡, ¿como ha ido la mañana?
-Buenos días Papá, como siempre, ya sabes, dándole al balón, he estado jugando con unos chicos, pero uno de ellos se ha acabado enfadando porque no era capaz de quitarme la pelota.
Su padre sonrió, consciente de que su hijo tenía una habilidad superior a la de niños bastante mayores que él, sólo tenía siete años pero los niños de diez de su barrio, se peleaban por tenerlo en su equipo.
En ese momento apareció Philiph, preguntó si su coche estaba listo y a la respuesta afirmativa de Daniel, le pidió que le preparase su factura. Mientras esperaba para recoger su coche , reparó en aquel niño que tenía el balón pisado con su pierna derecha y le dijo:
-¿Te gusta el fútbol, chico?
-Él respondió con una sonrisa, y levantó el balón en uno de sus trucos favoritos, la toco con la rodilla y se la pasó con el hombro, Philiph no salía de su asombro, conocía jugadores de primera que no eran capaces de hacer un gesto técnico de tanta dificultad como acababa de hacer aquel chico en sus narices.
-¿Juegas al fútbol en algún equipo federado?
-El equipo que había en mi barrio desapareció hace tres años, nunca he tenido ficha , y mi padre no me puede llevar a ningún equipo porque siempre tiene que trabajar, dijo cabizbajo.
-¿Te gustaría hacerlo?
CAPÍTULO II
-Cuidate
mucho hijo, come bien, y no descuides tus estudios- le dijo su madre con las
lagrimas en los ojos,mientras Danny partía hacia su sueño, con una mezcla de
felicidad y de nostalgia, montandose en el coche de Philip, que le llevaría a
la capital , a su nuevo hogar.
Su padre iba en el asiento delantero, no cabía dentro de sí, estaba orgulloso de su hijo, que iba a tener aquella oportunidad que él siempre quiso tener.
A las 12 de la noche ya estaba instalado en su nuevo hogar, la vieja residencia del Rapid, por la que habian pasado muchos de sus ídolos.
-Buenas noches, me llamo Oscar,¿eres mi nuevo compañero de habitación?
-Supongo que sí, mi nombre es Danny, ¿cuanto tiempo llevas aquí ?
-Este es mi primer año, he llegado hace una semana, pero no se si aguantaré mucho más aquí, echo de menos a mi familia, y los entrenamientos se están haciendo muy duros, esto no es tan fácil como yo pensaba.
Danny no durmió en toda la noche, demasiados nervios y demasiado miedo, Oscar le había dejado preocupado,¿ serían los entrenamientos tan duros?
A las 8 llamaron a su habitación, Danny continuaba despierto , se prepararon y bajaron al desayuno, una vez terminado ,directos al vestuario del campo 4 de la Ciudad deportiva.
Entró al vestuario como si llevase toda la vida allí, había decidido que nada de miedos, que nada de dudas, o por el contrario sabía que le costaría mucho adaptarse a sus nuevos compañeros.
Despues de moverse varias veces de asiento a medida que iban entrando sus nuevos compañeros, ya que ocupaba los sitios que a ellos le pertenecían, entró su entrenador por la puerta y le pidió que se levantase.
-Se llama Danny y a partir de ahora es vuestro nuevo compañero, nunca ha estado en un equipo federado, así que le echaremos una mano,¿ok?
-Sí , entrenador, respondieron todos al unísono.
Aquél fue el último día que Danny entrenó con chicos de su edad, no dejó a nadie indiferente, todos se dieron cuenta de que algún día sería el mejor jugador del mundo.
Su padre iba en el asiento delantero, no cabía dentro de sí, estaba orgulloso de su hijo, que iba a tener aquella oportunidad que él siempre quiso tener.
A las 12 de la noche ya estaba instalado en su nuevo hogar, la vieja residencia del Rapid, por la que habian pasado muchos de sus ídolos.
-Buenas noches, me llamo Oscar,¿eres mi nuevo compañero de habitación?
-Supongo que sí, mi nombre es Danny, ¿cuanto tiempo llevas aquí ?
-Este es mi primer año, he llegado hace una semana, pero no se si aguantaré mucho más aquí, echo de menos a mi familia, y los entrenamientos se están haciendo muy duros, esto no es tan fácil como yo pensaba.
Danny no durmió en toda la noche, demasiados nervios y demasiado miedo, Oscar le había dejado preocupado,¿ serían los entrenamientos tan duros?
A las 8 llamaron a su habitación, Danny continuaba despierto , se prepararon y bajaron al desayuno, una vez terminado ,directos al vestuario del campo 4 de la Ciudad deportiva.
Entró al vestuario como si llevase toda la vida allí, había decidido que nada de miedos, que nada de dudas, o por el contrario sabía que le costaría mucho adaptarse a sus nuevos compañeros.
Despues de moverse varias veces de asiento a medida que iban entrando sus nuevos compañeros, ya que ocupaba los sitios que a ellos le pertenecían, entró su entrenador por la puerta y le pidió que se levantase.
-Se llama Danny y a partir de ahora es vuestro nuevo compañero, nunca ha estado en un equipo federado, así que le echaremos una mano,¿ok?
-Sí , entrenador, respondieron todos al unísono.
Aquél fue el último día que Danny entrenó con chicos de su edad, no dejó a nadie indiferente, todos se dieron cuenta de que algún día sería el mejor jugador del mundo.
Acababa de recibir la llamada de su padres, era su 16 cumpleaños, cuando su teléfono volvió a sonar, era Rogerio Silva, el entrenador del primer equipo, ya tenía la edad mínima para entrenarse con ellos, y a partir de mañana así lo iba a hacer. Cuando colgó, Danny rompió a llorar, su sueño se estaba convirtiendo en realidad, bastaron 8 años en las categorías inferiores del Rapid , para llevar tantos goles y tantos buenos partidos , que una legión de ojeadores, de los mejores clubes de Europa no pararan de llamar a las puertas de casa de sus padres.
-Danny, pase lo que pase, nunca cambies, intenta seguir con tus estudios, sacrifícate, que no todo es fácil en la vida y se te ha puesto muy de cara.
Con 16 años y 4 días, se convertía en el jugador mas joven del Rapid en entrar en una convocatoria.
-¿Tienes miedo, chico?
-No, entrenador
-Pues calienta rápido, que vas a entrar.
CAPÍTULO III
Cuarenta mil
gargantas coreando el nombre de tu ídolo que se retira a la banda para ser
cambiado por un golpe en el tobillo, impresiona, pero si eres quién tiene el
honor de sustituirle, la sensación se convierte en lo más grande que a un
futbolista le puede pasar, y más aún, el
día de tu debut.
Me temblaban las piernas, sabía que no tenía nada que perder, que podría tener más oportunidades si seguía trabajando igual, pero por supuesto no iba a dejarme nada dentro, se me pasaron por la cabeza muchos momentos, momentos felices y momentos duros, la puerta de madera de enfrente de mi casa, el primer partido de fútbol que ví con mi padre, mis primeras botas, que mi madre aun conserva, el primer día en la residencia del Rapid, en cómo había acabado su compañero y amigo Oscar, sus problemas con el alcohol, y lo duro que es que todo el mundo quiera que seas futbolista, y te presione hasta que asquees la pelota, hasta que no quieras entrenar, hasta que el dinero que ganas te lo gastes en fiestas , en todas estas cosas pensé mientras me daban las últimas ordenes.
Choqué la mano de Paolo, y noté el calor de toda aquella gente sedienta de nueva savia, de ídolos jóvenes, de iconos que desviasen su atención del día día, de aquella maldita realidad en la que estaba metido, de aquel infierno de un pais dejado de la mano de Dios, sin gobierno, corrupto y desalmado.
Los tres primeros pasos de la carrera que inicié desde la banda me parecieron los de un gran dinosaurio, me sentí atenazado, hasta que sonó el silbato del arbitro, levanté la cabeza, mire a los ojos de Jhon , y le hice un gesto de desmarque al hueco, lo entendió, cambio de juego de treinta metros y me lo pone en el pié, la bajo con el interior, y levanto la cabeza,dos contrarios, solamente dos, lo había hecho miles de veces, desde el pico del área, en diagonal, un slalom, dos y golpeo al palo largo,¿ por qué no ahora?
Me temblaban las piernas, sabía que no tenía nada que perder, que podría tener más oportunidades si seguía trabajando igual, pero por supuesto no iba a dejarme nada dentro, se me pasaron por la cabeza muchos momentos, momentos felices y momentos duros, la puerta de madera de enfrente de mi casa, el primer partido de fútbol que ví con mi padre, mis primeras botas, que mi madre aun conserva, el primer día en la residencia del Rapid, en cómo había acabado su compañero y amigo Oscar, sus problemas con el alcohol, y lo duro que es que todo el mundo quiera que seas futbolista, y te presione hasta que asquees la pelota, hasta que no quieras entrenar, hasta que el dinero que ganas te lo gastes en fiestas , en todas estas cosas pensé mientras me daban las últimas ordenes.
Choqué la mano de Paolo, y noté el calor de toda aquella gente sedienta de nueva savia, de ídolos jóvenes, de iconos que desviasen su atención del día día, de aquella maldita realidad en la que estaba metido, de aquel infierno de un pais dejado de la mano de Dios, sin gobierno, corrupto y desalmado.
Los tres primeros pasos de la carrera que inicié desde la banda me parecieron los de un gran dinosaurio, me sentí atenazado, hasta que sonó el silbato del arbitro, levanté la cabeza, mire a los ojos de Jhon , y le hice un gesto de desmarque al hueco, lo entendió, cambio de juego de treinta metros y me lo pone en el pié, la bajo con el interior, y levanto la cabeza,dos contrarios, solamente dos, lo había hecho miles de veces, desde el pico del área, en diagonal, un slalom, dos y golpeo al palo largo,¿ por qué no ahora?
CAPÍTULO IV
Levanté la
cabeza, el ruido de un campo de fútbol lleno, es algo muy difícil de
explicar, puedes notar como te gritan, lo sientes, pero a la vez tu concentración
en la pelota distorsiona ese sonido, es como el sonido de un helicóptero sobre
tu cabeza, incluso molesto, pero tan especial....
Toqué el balón con el exterior de mi pie derecho, y cambié el peso de mi cuerpo volcándolo en la pierna izquierda, un regate muy habitual en mi, el defensa se comió el amago, pensó que le saldría por mi izquierda y yo ya me dirigía a encarar al siguiente rival. Sin apenas tiempo levanté la pierna como si fuese a golpear de rosca al palo largo, como si evitase el cara a cara con el siguiente defensor, como si me diese por satisfecho con haber burlado al primero de ellos, estaba claro que no me conocían, de repente, recorte, seco, 90º, mi adversario giró la cara, síntoma de que había pensado que realmente golpearía, lo había hecho instintivamente, lo hacen todos los defensas cuando creen que golpeas, y ese es el momento exacto del regate, me había puesto en diagonal a la portería, encarando al guardameta, balón en mi zurda después del primer regate, balón para hacer el gol , balón que me catapultaría a la fama, a las portadas de los periódicos, balón que para mi era mas que un gol , era el premio al sacrificio, al querer cumplir un sueño, no sólo por mi, sino por aquellos que me habían ayudado a llegar aquí, aquellos que habían llorado mi marcha adolescente ,prematura, para perseguir un reto, en forma de balón.
!!!!!GOOOOOOOOOOOOLLLLLLLLLL¡¡¡¡¡¡, lo había hecho, con sutileza, picándola por encima del portero, suave, había esperado a que diese un par de pasitos e intentase taparme con su cuerpo, había esperado a que iniciase el gesto de lanzarse a mis pies, y con una caricia al balón lo había llevado al fondo de la portería.
El silencio era ensordecedor y el ruido imperceptible, el mejor momento de mi vida sonaba a un eco lejano, transcurría a cámara lenta, muy lejos de mi, era la sensación mas extraña que había vivido, todo estaba pasando en tercera persona, cómo si no fuese protagonista, sino espectador. Independientemente de la extrañeza del momento era consciente de que mi vida ya no sería la misma nunca más, un gran escalofrío recorrió mi cuerpo, lo asocié a dos gotas de agua, que recorrían las mejillas de la única persona que me superaba en felicidad. En el salón de mi vieja casa, mi padre lloraba de emoción...
CAPÍTULO V
Toqué el balón con el exterior de mi pie derecho, y cambié el peso de mi cuerpo volcándolo en la pierna izquierda, un regate muy habitual en mi, el defensa se comió el amago, pensó que le saldría por mi izquierda y yo ya me dirigía a encarar al siguiente rival. Sin apenas tiempo levanté la pierna como si fuese a golpear de rosca al palo largo, como si evitase el cara a cara con el siguiente defensor, como si me diese por satisfecho con haber burlado al primero de ellos, estaba claro que no me conocían, de repente, recorte, seco, 90º, mi adversario giró la cara, síntoma de que había pensado que realmente golpearía, lo había hecho instintivamente, lo hacen todos los defensas cuando creen que golpeas, y ese es el momento exacto del regate, me había puesto en diagonal a la portería, encarando al guardameta, balón en mi zurda después del primer regate, balón para hacer el gol , balón que me catapultaría a la fama, a las portadas de los periódicos, balón que para mi era mas que un gol , era el premio al sacrificio, al querer cumplir un sueño, no sólo por mi, sino por aquellos que me habían ayudado a llegar aquí, aquellos que habían llorado mi marcha adolescente ,prematura, para perseguir un reto, en forma de balón.
!!!!!GOOOOOOOOOOOOLLLLLLLLLL¡¡¡¡¡¡, lo había hecho, con sutileza, picándola por encima del portero, suave, había esperado a que diese un par de pasitos e intentase taparme con su cuerpo, había esperado a que iniciase el gesto de lanzarse a mis pies, y con una caricia al balón lo había llevado al fondo de la portería.
El silencio era ensordecedor y el ruido imperceptible, el mejor momento de mi vida sonaba a un eco lejano, transcurría a cámara lenta, muy lejos de mi, era la sensación mas extraña que había vivido, todo estaba pasando en tercera persona, cómo si no fuese protagonista, sino espectador. Independientemente de la extrañeza del momento era consciente de que mi vida ya no sería la misma nunca más, un gran escalofrío recorrió mi cuerpo, lo asocié a dos gotas de agua, que recorrían las mejillas de la única persona que me superaba en felicidad. En el salón de mi vieja casa, mi padre lloraba de emoción...
CAPÍTULO V
Más de 50
periodistas me esperaban en la puerta, una nube de flashes, de micrófonos, de
manos, un aluvión de preguntas que me hacía sentir especial, pero incómodo,
preguntándome cómo me sentía, pidiéndome que narrase el gol para ellos, me
daban la enhorabuena, era la estrella, era lo que buscaban, alguien a quien
encumbrar o hundir, alguien con quien vender más periódicos, alguien que les
subiese la audiencia.
Solamente quería irme a mi casa, estaba lejos, pero los dos días de descanso que nos había concedido el mister los quería aprovechar en compartir estos momentos con mis padres, no habían podido venir, todo había sido muy rápido, de un día para otro me habían convocado, había debutado y hecho un gol, y ellos no estaban aquí, necesitaba un abrazo, un abrazo de verdad, no un abrazo de un compañero o de un aficionado.
Me fui a la estación de autobuses, y me monté en el primero que iba hacía mi casa, 5 horas , serían larguísimas.
Seis personas en el autobús, esperaba que ninguna me reconociese, necesitaba evadirme, desconectar, todo había sido muy intenso, demasiada gente, demasiadas emociones,quería dormirme.
El conductor inició la maniobra de salida de la estación., cuando alguien golpeó la puerta del autobús, abrió la puerta, y una voz de chica le pidió disculpas, y le agradeció que hubiese esperado por ella. Subió las escalerillas del autobús para dejarme prendado, nunca había visto a una chica tan bella, se dirigía hacia la parte de atrás del autobús, cuando llegó a mi altura, sonrió y se sentó en la otra parte del pasillo,para entonces mi respiración se había acelerado y mis mejillas debían estar como dos tomates.
Saqué una manzana de la bolsa, y le pregunté si quería, me sonrió y me dijo que sí.
Fuimos todo el camino hablando, solamente vivía a dos calles de casa de mis padres, y volvía en dos días a la capital, así que decidí quedar con ella para el viaje de vuelta dos días después.
Mi padre me esperaba en la estación, eran las 5.30 de la madrugada, recuerdo su abrazo como la mayor emoción de mi vida, y creo que a él le pasa lo mismo.
-Campeón, tu madre nos espera
Solamente quería irme a mi casa, estaba lejos, pero los dos días de descanso que nos había concedido el mister los quería aprovechar en compartir estos momentos con mis padres, no habían podido venir, todo había sido muy rápido, de un día para otro me habían convocado, había debutado y hecho un gol, y ellos no estaban aquí, necesitaba un abrazo, un abrazo de verdad, no un abrazo de un compañero o de un aficionado.
Me fui a la estación de autobuses, y me monté en el primero que iba hacía mi casa, 5 horas , serían larguísimas.
Seis personas en el autobús, esperaba que ninguna me reconociese, necesitaba evadirme, desconectar, todo había sido muy intenso, demasiada gente, demasiadas emociones,quería dormirme.
El conductor inició la maniobra de salida de la estación., cuando alguien golpeó la puerta del autobús, abrió la puerta, y una voz de chica le pidió disculpas, y le agradeció que hubiese esperado por ella. Subió las escalerillas del autobús para dejarme prendado, nunca había visto a una chica tan bella, se dirigía hacia la parte de atrás del autobús, cuando llegó a mi altura, sonrió y se sentó en la otra parte del pasillo,para entonces mi respiración se había acelerado y mis mejillas debían estar como dos tomates.
Saqué una manzana de la bolsa, y le pregunté si quería, me sonrió y me dijo que sí.
Fuimos todo el camino hablando, solamente vivía a dos calles de casa de mis padres, y volvía en dos días a la capital, así que decidí quedar con ella para el viaje de vuelta dos días después.
Mi padre me esperaba en la estación, eran las 5.30 de la madrugada, recuerdo su abrazo como la mayor emoción de mi vida, y creo que a él le pasa lo mismo.
-Campeón, tu madre nos espera
CAPÍTULO VI
Martes, 6:30
AM, había quedado con Carlota en la estación de autobuses para partir a la
capital, el autobús salía a menos cuarto, deseaba mucho volver a verla, el
viaje del domingo había sido agradable, como lo era ella,y notaba un cosquilleo
en el estomago que me delataba, y comenzaba a preocuparme.
Volví a mirar hacia todos lados antes de subir la escalerilla, pero ella no estaba allí, su teléfono apagado, y una sensación de tristeza me invadía, pensaba que le habría surgido cualquier contratiempo, mientras me sentaba en la misma fila y asiento que hacía dos días, con la esperanza de verla llegar en el último momento como había pasado el día en que la conocí.
Fueron las cinco horas más largas de mi vida, cada vez que pensaba en ella , tenía cierta sensación de que algo había ocurrido, pero intentaba tranquilizarme, al fin y al cabo la conocía de un viaje , de cinco horas, no debía ser tan pesimista ni agobiarme tanto.
Llegamos a la estación, el conductor me dijo que para él era un orgullo llevar en su autobús al nuevo ídolo del Rapid ,cogí mi maleta y me dirigí a la planta de arriba, la gente me miraba y susurraba, debía acostumbrarme a mi nueva vida, no sería fácil para una persona tímida como yo, pero suponía que con el tiempo se superaría.
Llegué a la residencia, alguien había puesto una foto mía celebrando el gol, parecía que me había convertido en un espejo en el que se miraría toda la cantera del Rapid, me alegró pero un nudo en mi garganta me decía que era una gran responsabilidad.
Me dirigí a mi habitación, y en el cajetín del correo, había mas de 20 cartas , me dije a mi mismo que las leería y las respondería todas, vacié la maleta y me puse con ellas, hasta las 6 de la tarde no había entrenamiento, así que tenía tiempo.
Era increíble, una sola jugada, dos quiebros, un tiro a gol y ya había una petición de matrimonio, dos invitaciones a fiestas , y muchos admiradores, pero cuando llegaba casi a la última carta me llamó la atención un remite, que decía Carlota.
Mi corazón se aceleró, y rapidamente la abrí rompiendo el sobre, desdoblé el papel y me dispuse a leer:
"No seré el juguete de nadie, búscame y convénceme de que no será así"
Estaba claro que no le había gustado que le ocultase que era jugador del Rapid, no le había gustado verme en las portadas al día siguiente, quizás se había asustado, pero con esa frase me demostraba que no sería fácil que confiase en mi persona, por miedo a que fuese el chico de los periódicos y no Danny, aquél a quien había conocido en el bus.
CAPÍTULO VII
Volví a mirar hacia todos lados antes de subir la escalerilla, pero ella no estaba allí, su teléfono apagado, y una sensación de tristeza me invadía, pensaba que le habría surgido cualquier contratiempo, mientras me sentaba en la misma fila y asiento que hacía dos días, con la esperanza de verla llegar en el último momento como había pasado el día en que la conocí.
Fueron las cinco horas más largas de mi vida, cada vez que pensaba en ella , tenía cierta sensación de que algo había ocurrido, pero intentaba tranquilizarme, al fin y al cabo la conocía de un viaje , de cinco horas, no debía ser tan pesimista ni agobiarme tanto.
Llegamos a la estación, el conductor me dijo que para él era un orgullo llevar en su autobús al nuevo ídolo del Rapid ,cogí mi maleta y me dirigí a la planta de arriba, la gente me miraba y susurraba, debía acostumbrarme a mi nueva vida, no sería fácil para una persona tímida como yo, pero suponía que con el tiempo se superaría.
Llegué a la residencia, alguien había puesto una foto mía celebrando el gol, parecía que me había convertido en un espejo en el que se miraría toda la cantera del Rapid, me alegró pero un nudo en mi garganta me decía que era una gran responsabilidad.
Me dirigí a mi habitación, y en el cajetín del correo, había mas de 20 cartas , me dije a mi mismo que las leería y las respondería todas, vacié la maleta y me puse con ellas, hasta las 6 de la tarde no había entrenamiento, así que tenía tiempo.
Era increíble, una sola jugada, dos quiebros, un tiro a gol y ya había una petición de matrimonio, dos invitaciones a fiestas , y muchos admiradores, pero cuando llegaba casi a la última carta me llamó la atención un remite, que decía Carlota.
Mi corazón se aceleró, y rapidamente la abrí rompiendo el sobre, desdoblé el papel y me dispuse a leer:
"No seré el juguete de nadie, búscame y convénceme de que no será así"
Estaba claro que no le había gustado que le ocultase que era jugador del Rapid, no le había gustado verme en las portadas al día siguiente, quizás se había asustado, pero con esa frase me demostraba que no sería fácil que confiase en mi persona, por miedo a que fuese el chico de los periódicos y no Danny, aquél a quien había conocido en el bus.
CAPÍTULO VII
Fue un
entrenamiento especial, me sentía el centro de las miradas, de los focos
de los periodistas, mis compañeros me felicitaban, bromeaban conmigo, el
entrenador estaba especialmente atento conmigo, parecía como si quisiesen
suavizar lo que se me iba a venir encima y tranquilizar mis ánimos, serían unos
días de mucho acoso de la prensa, estaba en todas las cadenas de televisión, en
todos los periódicos, todos querían entrevistas conmigo, propuestas para hacer
anuncios, invitaciones a inauguraciones, etc, etc.
Pero aquel día solamente tenía una cosa en la cabeza, no sería muy difícil encontrarla, pero sí convencerla de que debía conocerme, y ver realmente como era el auténtico Danny, y que se olvidará de todo lo que me comenzaba a rodear.
Acabó el entrenamiento y tocaba rueda de prensa, creo que no estuve muy mal, para ser la primera vez que me enfrentaba a la sala de prensa, a las preguntas premeditadas de los periodistas hambrientos de titulares, con ganas de ponerme en un aprieto, pero tenía muy claro que iba a ser muy comedido en mis declaraciones.
Una vez terminado me dirigí a la universidad, facultad de medicina, sabía que ahí la encontraría, me moría de ganas de verla. Estuve esperando hasta las 14h que salín todos los alumnos, y la vi venir, a lo lejos, cargada con libros en su mano.
Me acerqué, y le dije:
-¿Te puedo ayudar?
Pero aquel día solamente tenía una cosa en la cabeza, no sería muy difícil encontrarla, pero sí convencerla de que debía conocerme, y ver realmente como era el auténtico Danny, y que se olvidará de todo lo que me comenzaba a rodear.
Acabó el entrenamiento y tocaba rueda de prensa, creo que no estuve muy mal, para ser la primera vez que me enfrentaba a la sala de prensa, a las preguntas premeditadas de los periodistas hambrientos de titulares, con ganas de ponerme en un aprieto, pero tenía muy claro que iba a ser muy comedido en mis declaraciones.
Una vez terminado me dirigí a la universidad, facultad de medicina, sabía que ahí la encontraría, me moría de ganas de verla. Estuve esperando hasta las 14h que salín todos los alumnos, y la vi venir, a lo lejos, cargada con libros en su mano.
Me acerqué, y le dije:
-¿Te puedo ayudar?
-¿Quién me
va a ayudar, Danny el chico tímido que conocí en el autobús , o la nueva
estrella del Rapid?-me preguntó haciendo un gesto con la cabeza mostrándome lo
que se estaba ya montando alrededor.
La verdad es que era una situación un poco incómoda, la gente nos miraba, murmuraba, y aquello me incomodaba, aquella chica me gustaba de verdad, y por primera vez sentía la sensación de que me gustaría ser anónimo, mal empezábamos.
Nos fuimos a comer a un restaurante de la zona vieja, un viejo local donde se respiraba el olor a pueblo, a gente que vive en su mundo, en su barrio, gente de toda la vida, y que quizás estaban al margen de mi, del Rapid, ya que la comida fue muy tranquila, muy normal, muy de ella y yo, una comida que nos había permitido conocernos un poco más, reírnos, mirarnos a los ojos y sentirnos de nuevo como en aquel autobús.
El siguiente mes pasó volando, entre flashes y paseos por la playa, entre goles y helados en el parque, todo iba sobre ruedas, no me creía que fuese tan afortunado, que mis sueños se cumpliesen con tanta exactitud, llamada de la selección Sub- 21 de mi país, nuevo ídolo del Rapid, ¿podría ser todo tan fácil?
Nos jugabamos el liderato contra nuestro mayor rival, derbi del año, partido vital, el mister esa semana no me miraba tanto a los ojos, en aquel momento no me daba cuenta, pero tenía miedo, pensaba que sería demasiada presión, era un partido demasiado histórico como para posar toda la responsabilidad en mis hombros.
Llegamos al campo a las 15.30 h, yo ya sabía que no iba a jugar de cara, pero lejos de venirme abajo pensé donde estaba hace poco más de un mes, donde estaba hace un año, hace seis, volví a mis raíces, volví a la vieja puerta de madera, a las noches en que mi madre me llamaba para que dejase mi vieja pelota, a la residencia del Rapid, a Óscar que estaría en la grada, ya que me había llamado pidiéndome dos entradas, a las lágrimas de mi padre, a los cromos, a su viejo taller, a las calles de mi infancia.
A las 18:10 h entraba al campo, perdíamos cero a uno, y aquel iba a ser el partido de mi despegue, lo sabía desde antes de empezar, no le iba a fallar a mis raíces, a mis principios, me sentía como en la calle, sin presión.
Había localizado desde el banquillo a Carlota, quería dedicarle un gol.
La verdad es que era una situación un poco incómoda, la gente nos miraba, murmuraba, y aquello me incomodaba, aquella chica me gustaba de verdad, y por primera vez sentía la sensación de que me gustaría ser anónimo, mal empezábamos.
Nos fuimos a comer a un restaurante de la zona vieja, un viejo local donde se respiraba el olor a pueblo, a gente que vive en su mundo, en su barrio, gente de toda la vida, y que quizás estaban al margen de mi, del Rapid, ya que la comida fue muy tranquila, muy normal, muy de ella y yo, una comida que nos había permitido conocernos un poco más, reírnos, mirarnos a los ojos y sentirnos de nuevo como en aquel autobús.
El siguiente mes pasó volando, entre flashes y paseos por la playa, entre goles y helados en el parque, todo iba sobre ruedas, no me creía que fuese tan afortunado, que mis sueños se cumpliesen con tanta exactitud, llamada de la selección Sub- 21 de mi país, nuevo ídolo del Rapid, ¿podría ser todo tan fácil?
Nos jugabamos el liderato contra nuestro mayor rival, derbi del año, partido vital, el mister esa semana no me miraba tanto a los ojos, en aquel momento no me daba cuenta, pero tenía miedo, pensaba que sería demasiada presión, era un partido demasiado histórico como para posar toda la responsabilidad en mis hombros.
Llegamos al campo a las 15.30 h, yo ya sabía que no iba a jugar de cara, pero lejos de venirme abajo pensé donde estaba hace poco más de un mes, donde estaba hace un año, hace seis, volví a mis raíces, volví a la vieja puerta de madera, a las noches en que mi madre me llamaba para que dejase mi vieja pelota, a la residencia del Rapid, a Óscar que estaría en la grada, ya que me había llamado pidiéndome dos entradas, a las lágrimas de mi padre, a los cromos, a su viejo taller, a las calles de mi infancia.
A las 18:10 h entraba al campo, perdíamos cero a uno, y aquel iba a ser el partido de mi despegue, lo sabía desde antes de empezar, no le iba a fallar a mis raíces, a mis principios, me sentía como en la calle, sin presión.
Había localizado desde el banquillo a Carlota, quería dedicarle un gol.
CAPÍTULO IX
Minuto diez
de la segunda parte, salté al campo en medio de una gran ovación, perdíamos
cero a uno, y las cosas no pintaban muy bien.
En el descanso habíamos hablado de recuperar el control del balón, de que estábamos jugando en casa, de que había que meter ritmo, sacar rápido las faltas, de ahogar al rival y encerrarlo en su campo, había que ir a por el partido, nos jugábamos el liderato contra nuestro mayor rival en nuestra casa, teníamos que dejarnos la piel en el campo. Nada de lo que habíamos hablado estaba saliéndonos .Todo iba al revés.
Corner a favor de ellos, todos a defender excepto yo, que me coloco en la linea divisoria de los dos campos, escorado a la banda izquierda, sacan en corto, pared, centro al area y atrapa Albert, que levanta la cabeza y me localiza, golpea el balón en semivolea, el balón corto bota antes de llegar a mi, la controlo con el pecho, amago que la toco de cara y con el tacón la dirijo hacia la portería contraria, dejando fuera al primer defensor, 45 mts , dos defensas y un portero me separan del gol. Conduzco el balón con velocidad, sabiendo que si encaro al primer defensa en plena carrera sólo tendré que apartar el balón a un lado, será fácil llevármelo, aparto el balón hacia la izquierda, un rival menos. miro hacia mi derecha pero ningún compañero llega en el apoyo, es un uno para uno clarísimo, bicicleta hacia la izquierda y salgo por la derecha, veo al portero adelantado y con un toque sutil desde 20 mts se la cuelo de vaselina.GOOOOOOLLLLLLLL¡¡¡¡¡¡¡¡
Levanto la cabeza y veo a Carlota, se da cuenta de que la miro a ella, gol dedicado, mis compañeros llegan, y el aire me falta en cuanto se abalanzan sobre mi, lo había vuelto a hacer, sabía que aquel era mi día.
Dos minutos después centro al área y sin dejarla caer la rompo al segundo palo en una volea casi imposible, 2-1 y el estadio a mis pies, varios ojeadores en la grada, mis padres, Carlota, Óscar, la piel de gallina, emocionado, ya sabía que aquello iba a pasar.
Quedaban dos minutos para el final y el rival subía con todo al ultimo corner, incluso el portero, bajé a echar una mano, balón rechazado que cae a 20 mts de mi, sprint y sin controlar el balón , mas a tras de medio campo, la pego rasa con el empeine dirección a la portería, no hay rivales por medio y el balón se cuela mansamente en las redes, hat trick, se acabó, sin saberlo acababa de firmar un contrato con el mejor equipo del mundo, el equipo de la capital de España, en dos meses mi vida volvería dar un giro y encumbrarme como la mayor promesa del fútbol mundial, no habría paso por la sub-21, directo a la absoluta, una celebridad en mi país, y el hombre más feliz del mundo, Carlota me esperaba con mis padres y mi amigo Óscar para darme un gran abrazo, mi mayor triunfo , mi familia, mis amigos y mi novia, ¿qué mas podía pedir?
En el descanso habíamos hablado de recuperar el control del balón, de que estábamos jugando en casa, de que había que meter ritmo, sacar rápido las faltas, de ahogar al rival y encerrarlo en su campo, había que ir a por el partido, nos jugábamos el liderato contra nuestro mayor rival en nuestra casa, teníamos que dejarnos la piel en el campo. Nada de lo que habíamos hablado estaba saliéndonos .Todo iba al revés.
Corner a favor de ellos, todos a defender excepto yo, que me coloco en la linea divisoria de los dos campos, escorado a la banda izquierda, sacan en corto, pared, centro al area y atrapa Albert, que levanta la cabeza y me localiza, golpea el balón en semivolea, el balón corto bota antes de llegar a mi, la controlo con el pecho, amago que la toco de cara y con el tacón la dirijo hacia la portería contraria, dejando fuera al primer defensor, 45 mts , dos defensas y un portero me separan del gol. Conduzco el balón con velocidad, sabiendo que si encaro al primer defensa en plena carrera sólo tendré que apartar el balón a un lado, será fácil llevármelo, aparto el balón hacia la izquierda, un rival menos. miro hacia mi derecha pero ningún compañero llega en el apoyo, es un uno para uno clarísimo, bicicleta hacia la izquierda y salgo por la derecha, veo al portero adelantado y con un toque sutil desde 20 mts se la cuelo de vaselina.GOOOOOOLLLLLLLL¡¡¡¡¡¡¡¡
Levanto la cabeza y veo a Carlota, se da cuenta de que la miro a ella, gol dedicado, mis compañeros llegan, y el aire me falta en cuanto se abalanzan sobre mi, lo había vuelto a hacer, sabía que aquel era mi día.
Dos minutos después centro al área y sin dejarla caer la rompo al segundo palo en una volea casi imposible, 2-1 y el estadio a mis pies, varios ojeadores en la grada, mis padres, Carlota, Óscar, la piel de gallina, emocionado, ya sabía que aquello iba a pasar.
Quedaban dos minutos para el final y el rival subía con todo al ultimo corner, incluso el portero, bajé a echar una mano, balón rechazado que cae a 20 mts de mi, sprint y sin controlar el balón , mas a tras de medio campo, la pego rasa con el empeine dirección a la portería, no hay rivales por medio y el balón se cuela mansamente en las redes, hat trick, se acabó, sin saberlo acababa de firmar un contrato con el mejor equipo del mundo, el equipo de la capital de España, en dos meses mi vida volvería dar un giro y encumbrarme como la mayor promesa del fútbol mundial, no habría paso por la sub-21, directo a la absoluta, una celebridad en mi país, y el hombre más feliz del mundo, Carlota me esperaba con mis padres y mi amigo Óscar para darme un gran abrazo, mi mayor triunfo , mi familia, mis amigos y mi novia, ¿qué mas podía pedir?